sábado, 12 de diciembre de 2015

BASTETANOS

Los bastetanos o bástulos fueron un pueblo ibero, antiguos habitantes de la Bastitania, con capital en Basti, a cinco kilómetros de la actual Baza, en la provincia de Granada. Habitaban un territorio que ocupaba el sureste de la península ibérica, que hoy en día pertenece a las provincias de Albacete, Almería, Grangada, Jaén, Málaga y Región de Murcia.





























Se les identifica con los mastienos de algunas fuentes antiguas, su economía destacaba por la producción minería, esparto, garum y salazanes, en las zonas costeras lo que llevó a que su territorio fuera objeto de apetencias expansionistas de los cartagineses.

El hallazgo más importante de este pueblo prerromano, es sin duda la llamada "Dama de Baza", hallada en el Cerro Cepero. Pieza labrada en caliza policromada actualmente se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional. Su hallazgo dentro de una cámara funeraria acompañada de un importante ajuar funerario, la convierte en uno de los hallazgos más importante del mundo ibero. Se sabe que la escultura actuó como urna funeraria, conteniendo las cenizas de una mujer.




ORETANOS

Los oretanos fueron un pueblo prerromano que habitaron las tierras que van desde Sierra Morena hasta la cuenca del Anas (actual Guadiana), correspondiendo a las actuales provincias de Ciudad Real y noreste de Córdoba, oeste de Albacete y el norte de la provincia de Jaén.



La ciudad más grande de la Oretania era Cástulo (Linares, provincia de Jaén), que llegaría a actuar como su capital. Han pervivido algunos nombres de sus régulos o reyezuelos, como por ejemplo Orissón, único guerrero que consiguió derrotar a los cartagineses. Al menos en época tardía, pudieron estar bajo el dominio de un único soberano, lo que explicaría el matrimonio de Aníbal con la princesa oretana Himilce, hija del rey de Cástulo, Mucro. La intensa iberización de los oretanos se produce ya en época orientalizante, a juzgar por sus cerámicas. Sus santuarios son los más ricos del mundo ibérico. En Alarcos (Ciudad Real) han aparecido estelas con figuras zoomorfas y existía un arte de gran calidad al servicio de las elites refinadas y poderosas, como lo indican las cerámicas, los bronces y los mismos tesoros argénteos, tan frecuentes en la zona de Sierra Morena. Y en Castellar (Jaén), han sido hallados en el importante santuario de la Cueva de la Lobera más de 3000 exvotos ibéricos.


El interés principal por el mundo oretano se centra en su papel intermediario entre los pueblos prerromanos de la época, ya que por su territorios se transmitieron elementos culturales y étnicos entre turdetanos, bastetanos, contestanos, carpetanos, vetones, lusitanos y celtas, pueblos vecinos de los oretanos. Aunque fue un pueblo que se iberizó temprana y profundamente, también tuvo un influjo muy importante por parte del mundo celta.

Algunos de sus asentamientos más importantes en la actual Andalucía eran:

Mentesa Bastia (La Guardia de Jaén)
Aurgis o Puente Tablas (Jaén)
Baikol (Bailén)
Iltiraka (Úbeda)
Toya (Peal de Becerro)
Cerro del Pajarillo (Huelma) etc.  

TURDULOS

Los túrdulos fueron un pueblo prerromano asentado entre los turdetanos y los oretanos, ocupando el territorio que va desde el valle del río Guadiana al Guadalquivir, y desde La Serena hasta la vega del Genil en Granada aproximadamente, su capital era el oppidum de Ibolca (a veces transcrito como Ipolka – la Obulco de los romanos), y que se corresponde con la actual Porcuna, Jaén.

Entre otras particularidades, se cree que se diferenciaban de los demás pueblos ibéricos en el idioma, posiblemente de origen tartesio. La escritura y el idioma túrdulos serían una evolución histórica del idioma y la escritura tartésica, lo que los emparentaría a los turdetanos, lo que ha llevado a la confusión entre ambos pueblos.


Entre sus manifestaciones artísticas destaca el conjunto escultorico Cerrillo Blanco, en Porcuna. Las estatuas descubiertas debieron pertenecer a algo semejante a un "heroon", un vasto mausoleo dedicado a no sabemos quién o quiénes. Sus autores aunque desconocidos eran artistas de primera fila. Su calidad no desmerece de la de los escultores que trabajaron para los templos griegos de la época. Pero para entender aún más la importancia de los restos hay que tener en cuenta de que se trata de un amplio conjunto escultórico y no de piezas aisladas como los exvotos que se han encontrado en los santuarios.




 
 
 

 



jueves, 10 de diciembre de 2015

TURDETANOS

Los turdetanos fueron un pueblo prerromano que habitaba en la Turdetania, región que abarcaba el valle del Guadalquivir desde el Algarve en Portugal hasta Sierra Morena, coincidiendo con los territorios de la antigua civilización de Tartessos. Limitaban al norte con los Túrdulos, al oeste con los Conios y al este con los Bastetanos y Oretanos.  



Perdido el enlace comercial y cultural que Tartessos mantenía con los griegos, la Turdetania se vio inmersa en la influencia cartaginesa, aunque desarrolló una evolución propia a partir de la cultura anterior, de forma que la población turdetana se sabía descendiente de los antiguos tartesios, manteniendo sus señas de identidad a la llegada de los romanos, ya que se adaptaron a las nuevas condiciones geopolíticas de la época. Tenían una personalidad propia dentro de la cultura de los pueblos íberos, se caracterizaba por una serie de manifestaciones artísticas como el tipo de cerámica, pintada y con decoración geométrica, escultura animalística que en época romana se continuó con figuración humana. En la necrópolis de Osuna se encuentran algunas de las muestras más representativas.








Tenían una lengua propia, derivada del tartésico, y un alfabeto propio diferenciado del alfabeto íbero. Otra diferencia fundamental son las particularidades en las necrópolis y enterramientos. Era el pueblo más civilizado de la Península Ibérica a la llegada de los romanos. Con una próspera economía, y eran considerados los más cultos de los íberos.

La minería sería uno de sus recursos más importantes. Los principales minerales extraídos son plata y cobre. La agricultura fue muy importante y variada, conocían el arado y el trillo, y cultivaban cereales, olivo y vid. Sobre ganadería, se sabe que criaban bueyes, ovejas, y caballos. Se conoce la cría de ovejas por la industria textil asociada. Además de una importante industria relacionada con la pesca, las conservas y salazones.


A la caída de Tartessos, el poder monárquico se disgrega y surgen pequeños reyes, existía una vida urbana importante, existiendo una gran cantidad de ciudades, más que en ningún otro pueblo prerromano de la península. Hay evidencias de la existencia de una servidumbre comunitaria, explotados por una clase dominante. Es posible que estos siervos se dedicaran a las tareas agrícolas y mineras. El poder político estaba basado en un fuerte poder militar, con presencia de ejércitos de mercenarios según algunas referencias. Se ha constatado la existencia de una élite que vivía lujosamente gracias a los recursos mineros y las riquezas naturales de esta región.

Hay divinidades de finales de la Edad del Bronce que se van asimilando con los dioses traídos de fuera por los fenicios y cartagineses en las distintas colonizaciones. Estrabón habla del santuario fenicio dedicado a Melkart-Hércules en Gadir, otro dedicado a Tanit y un oráculo dedicado a Menesteo. Se han encontrado en distintas cuevas de Sierra Morena gran serie de ofrendas votivas, sobre todo pequeñas esculturas de bronce (exvotos). El ritual funerario encontrado en distintas necrópolis se basa en la incineración, aunque debido a no poder conseguir temperaturas demasiado altas sería más preciso considerarlo cremación.

En el año 237 a. C., Amílcar Barca desembarca en la vieja colonia fenicia de Gadir con el propósito de adueñarse de las riquezas mineras de la Península Ibérica. Esto, a pesar de la tradición de comercio con los cartagineses que hasta entonces había existido en la Turdetania, supuso el enfrentamiento abierto entre varias ciudades de la Turdetania, especialmente las del interior. Los reyes turdetanos carecían de una organización global capaz de enfrentarse a la potencia militar cartaginesa, por lo que los ejércitos de los reyes Istolacio e Indortes, cuya resistencia fue mayor, fueron rápidamente derrotados y desmantelados o asimilados a las fuerzas de los Cartaginenses. 


Podemos destacar algunas ciudades como:
    Acinipo/Ronda la Vieja
    Aípora/Montoro
    Asido/Medina Sidonia
    Asta/Mesas de Asta
    Ástigis/Écija
    Baesuri/Castro Marim
    Balsa/Tavira
    Callentum/Cazalla de la Sierra
    Carisa/Espera
    Carmo/Carmona
    Corduba/Córdoba
    Hispalis/Sevilla
    Ilipa/Alcalá del Río
    Ilipla/Niebla
    Italica/Santiponce
    Licabrum/Cabra
    Myrtilis/Mértola
    Onuba/Huelva
    Orippo/Dos Hermanas
    Ossonoba/Faro
    Ostippo/Estepa
    Urso/Osuna








IBEROS

Los iberos o íberos fue como llamaron los antiguos escritores griegos a las gentes del levante y sur de la Península Ibérica para distinguirlos de los pueblos del interior, cuya cultura y costumbres eran diferentes. Aunque no siempre coinciden en los límites geográficos precisos ni en la enumeración de pueblos concretos, parece que la lengua es el criterio fundamental que los identificaba como pueblo, puesto que las inscripciones en lengua ibérica aparecen a grandes rasgos en el territorio que las fuentes clásicas asignan a los iberos, es decir la zona costera que va desde el sur del Languedoc-Rosellón hasta Alicante, el valle del Ebro, el valle del Segura, la Mancha meridional y oriental hasta el río Guadiana y el valle alto del Guadalquivir.


A pesar de que estos pueblos compartían ciertas características comunes, no eran un grupo étnico homogéneo ya que se diferenciaban en muchos aspectos. No se conoce el origen de los iberos, pero se cree que las comunidades del final de la edad del bronce sería el sustrato indígena de la cultura íbera. Por ello se parte de cuatro focos: El Argar, la cultura del Bronce Manchego, la del Bronce Valenciano y los campos de urnas del Noreste. Los iberos fueron por tanto diversos pueblos que evolucionan desde diferentes culturas precedentes hacia unas estructuras proto-estatales, viéndose influidos por fenicios primero, y luego por griegos y púnicos, que traerán consigo elementos de lujo que ayudarán, como bienes de prestigio, a la diferenciación interna de los diversos grupos sociales.

La lengua ibera es una lengua paleohispánica que está documentada por escrito. Los textos en lengua ibera se saben leer razonablemente bien, pero en su mayor parte son incomprensibles, puesto que la lengua íbera es una lengua sin parientes suficientemente cercanos que sean útiles para la traducción de textos.




La sociedad ibera estaba fuertemente jerarquizada en castas sociales muy dispares, todas ellas con una perfecta y bien definida misión para hacer funcionar correctamente una sociedad que dependía de ella misma para mantener a su ciudad. La casta guerrera y noble era la que contaba con más prestigio y poder dentro de estas. Aparte de las armas, poseer caballos otorgaba también gran prestigio y reflejaba poder, nobleza, y formar parte de la clase más poderosa. También tenían gran importancia la casta sacerdotal, en la que las mujeres, como se aprecia en los restos funerarios, eran el vínculo de la vida y la muerte. Las sacerdotisas gozaban de gran prestigio, ya que eran las que estaban en continuo contacto con el mundo de los dioses, aunque también había hombres que desarrollaban una tarea mística, caso de los sacerdotes lusitanos, que leían el futuro en las entrañas de los guerreros enemigos. Otra de las castas era la de los artesanos, apreciados porque de ellos salían los ropajes con los que se vestían y resguardaban del frío, los que elaboraban calzado, los que modelaban vasijas en las que guardar agua y alimentos y, sobre todo, por ser los que les hacían, a medida, armas y armaduras con las que se distinguían de las otras castas más bajas. Finalmente estaba el «pueblo llano», gente de distintos oficios que se dedicaban a los trabajos más duros.

El arte ibérico posee sus mejores manifestaciones en obras escultóricas de piedra y bronce, madera y barro cocido. Ofrece gran variedad regional con rasgos culturales de cada zona que se distribuye en tres zonas bien diferenciadas: Andalucía, la zona de Levante y el Centro peninsular.  Las manifestaciones artísticas más importantes se dan dentro de los campos de la escultura, pintura y cerámica.

Grifomaquia de Porcuna, Jaén

Los iberos utilizaban el rito de la incineración, conocido gracias a los fenicios o a los pueblos transpirenaicos. Se han identificado lugares de culto como santuarios urbanos, y el empleo de grutas o cavernas a modo de santuarios, en los que se depositaban pequeñas estatuillas, llamadas exvotos, como ofrenda votiva a alguna deidad. Estas figuras son tanto de mujeres sacerdotisas como de hombres guerreros, a pie o a caballo, otras están sacrificando algún animal con un cuchillo, o mostrando su respeto con las manos en alto, o con los brazos abiertos.

Ejemplo de exvotos iberos

Los asentamientos se pueden diferenciar en varias modalidades, pequeños asentamientos situados en zonas llanas y que carecían de fortificación, recintos fortificados con estructuras de dimensiones reducidas con fuertes defensas que solían estar en zonas altas, y grandes poblados u oppida que actuaban como centros que controlaban una región o un territorio, donde se situaban los distintos poblados en llano y sus recintos fortificados.


Los principales pueblos iberos asentados en el actual territorio de Andalucía son; Turdetanos, TurdulosBastetanos, y Oretanos, aunque no eran los únicos pueblos presentes en la zona destacando por un lado los bastulos (libio-fenicios) fuertemente influenciados por los fenicios y los conios que algunos ligan a la influencia céltica.




miércoles, 9 de diciembre de 2015

FENICIOS Y CARTAGINESES

Los fenicios se trata de un pueblo semita cananeo asentado en el territorio del actual Libano, estaba formado por una serie de ciudades estados que se encontraban asentadas en un suelo montañoso y poco apto para las actividades agrícolas, eso oriento a sus habitantes a las actividades marítimas, destacando en especial su carácter comercial.


La presencia fenicia en la Península Ibérica fue muy importante, aunque limitada a determinadas ciudades y factorías en la costa, sus aportaciones a la vida cotidiana de los nativos peninsulares fueron numerosas y destacadas, introdujeron en la Península Ibérica nuevas técnicas, tecnologías, modas, etc. Por hacer una relación:

La propia llegada de los fenicios, implicó un desarrollo de la náutica, en muchas de sus facetas geográficas, astronómica, construcción naval, etc.


El pecio Mazarrón-2 unos de los pocos ejemplos de barcos fenicios hallados hasta el día de hoy.

La actividad económica más importante que este pueblo desarrolló en la Península Ibérica fue el comercio, principalmente con los metales.

Introdujeron nuevas especies agrícolas como la vid y el almendro, nuevas especies animales como la gallina, el asno, etc.

También desarrollaron la producción ligada al sector primario, como el vino, el aceite, la pesca y la salazón del atún.

Introdujeron la metalurgia del hierro e impulsaron una masiva producción de plata..

También introdujeron el torno de alfarero y complejos hornos de producción de cerámica en dos cámaras. La actividad indígena alfarera se transformó así radicalmente pasando de ser una actividad doméstica a una producción semiindustrial masiva.

Los fenicios fueron famosos por sus objetos de lujo que eran consumidos por las élites nativas: orfebrería, joyería, ricas telas rojizas teñidas de púrpura, aceite perfumado, muebles recubiertos de placas de marfil, pequeñas esculturas, cerámica pintada con motivos naturalistas, etc.

La llamada "Dama de Galera", perfumero de origen fenicio.

También importaron objetos de lujo provenientes de oriente como vasos de alabastro, escarabeos y amuletos producto del saqueo de tumbas egipcias, cerámica griega de lujo, aceite y vino griego de gran calidad, etc.

Una de las aportaciones más importantes fue la escritura alfabética. La escritura alfabética fenicia sólo tenía 22 signos y era de fácil aprendizaje y utilización. Seguramente la desarrollaron por necesidades mercantiles (contabilización, registro). Dado que en sus viajes se encontraban lejos de templos y palacios y , por tanto, de los escribas, era necesario que alguno de los comerciantes fuera capaz de escribir. Esta sencillez en la escritura fenicia facilitó su adopción por los pueblos que entraron en contacto con los fenicios: griegos, etruscos, íberos y tartésicos. Sin embargo, hay que recalcar que los íberos adoptaron el alfabeto fenicio para escribir su propia lengua.


Asimismo, se han encontrado ponderales (pesos y medidas), marcas de alfarero, etc. Todo indica que los fenicios introdujeron y practicaron complejos sistemas de contabilización y registro en sus transacciones comerciales con los indígenas.

Junto a estas aportaciones se pueden incluir otras de carácter más ideológico como es el caso de la llegada y expansión de una religión ligada en parte a la mitología fenicias, destacando sobre todo los dioses Baal, Astarte, y Melkart, entre otros.

Tras la llegada de los fenicios los poblados se aglutinan en pequeñas ciudades donde se apiñan casas de muros de piedra rectilíneos y varias habitaciones. A veces se amurallan y se dotan de edificios públicos como santuarios, almacenes, asimismo especializan funcionalmente el espacio con áreas de taller y de vivienda separadas entre sí.

La sociedad indígena se debió jerarquizar y aumentaron las diferencias sociales como demuestra la convivencia de tumbas principescas de gran riqueza con tumbas mucho más sencillas.

A partir del siglo X a.C. los fenicios de Tiro, que ejercían la hegemonía sobre el resto de las ciudades fenicias, iniciaron un proceso colonizador por buena parte del Mediterráneo. Según Veleyo Patérculo, la primera colonia fenicia en la península ibérica sería Gadir (Cádiz), ochenta años después de la caída de Troya (lo que la situaría en el año 1104 a. C.). Aunque tal datación responde a criterios míticos, lo cierto es que existe estructuras urbanas de al menos el siglo IX a. C.



Las evidencias arqueológicas sitúan la fundación de Malaka (Málaga) entre los siglos IX a. C. y VIII a. C. Además de Gadir y Malaka, y de la segura presencia fenicia en las ciudades tartésicas del entorno del Lacus Ligustinus, a lo largo del litoral sur peninsular hubo asentamientos fenicios, muchos de los cuales tendrían en una primera fase un carácter transitorio mientras que otros irían paulatinamente adquiriendo una importancia cada vez mayor hasta llegar a convertirse en destacables núcleos de población, como Abdera (Adra) y Sexi (Almuñécar). Junto a estas colonias, los fenicios utilizaron establecimientos de menor entidad, extendidos como bases portuarias para sus rutas de navegación y para la diversificación de los contactos con el interior; tanto en el litoral mediterráneo (Salambina (Salobreña), Toscanos, Trayamar, Cerro del Villar, Calpe (Gibraltar), Carteia (San Roque)) como en el atlántico (Barbate, Rota, Onuba (Huelva), Aljaraque, Ayamonte, Baesuris (Castro Marim), Ossonoba (Faro), Callipo (desembocadura del Sado), Olissipo (Lisboa), Collipo (São Sebastião do Freixo), Quinta do Amaraz, Leiria, Santa Olaia (desembocadura del Mondego), Cale (Vila Nova de Gaia)) y en la costa norteafricana (Rusadir (Melilla), Abila (Ceuta), Lixus (Larache)).



Otra relación de asentamientos fenicios sería la siguiente:




ESTABLECIMIENTOS FENICIOS EN IBERIA
(según M. Pellicer)
2: Onoba (Huelva). 3: Torre de Doña Blanca. 4: Gadir (Cádiz). 5: Calpe (Gibraltar). 6: Cerro del Prado. 7: Barbesula (La Montilla). 8: Suel (Castillo de Sohail, Fuengirola). 9: Cerro del Villar. 10: Malaka (Málaga). 11: Mainake (Toscanos, Peñón, Alarcón, Jardín, Cerro del Mar). 12: Morro de Mezquitilla (Trayamar). 13: Chorreras, Lagos. 14: Sexi (Almuñecar). 15: Selambina (Peñón de Salobrena). 16: Castrel de Ferro. 17: Abdera (Cerro de Montecristo). 18: Garrucha. 19: Baria (Villaricos). 20: Dunas de Guardamar/ La Fonteta. 21: Sa Caleta. 22: Olisipo (Sé de Lisboa). 23: Scallabis (Alcaçova de Santarem). 25: Tarifa. 26: Cabecico de Parra. 27: El Torreón. 28: Loma de Benagalbón. 29: Ebussus, Can Petit (Ibiza). 30: Punta de los Gavilanes. 31: Cerro de Rocha Branca (Silves). 33: Abul. 34: Setubal.36: Almaraz (Almada). 41: Santa Olaia. 45: Faro de Torrox.




Las excavaciones arqueológicas encuentran en ellos objetos datables entre los siglos VIII y VII a. C. y de tipología proveniente de ámbitos orientales del Mediterráneo y helénicos, lo que ha permitido constatar la existencia de todo un comercio de objetos helénicos llevado a cabo tanto por el comercio fenicio como el griego. La cerámica de barniz rojo, muy característica, que aparece solo en enclaves fenicios y nunca en griegos, tiene su origen en ámbitos del Mediterráneo oriental (Siria y Chipre), desde donde se importaría a través del comercio fenicio hasta la península ibérica. De notable interés resulta la necrópolis de Sexi, en donde se han hallado urnas de alabastro que testimonian rituales de incineración (alguna de ellas de procedencia egipcia) y todo tipo de objetos (marfiles, vasos de bronce) que prueban los profundos contactos con el Mediterráneo oriental. Tales objetos fueron importados en un primer momento y después producidos localmente por artesanos indígenas que imitaron sus modelos (orfebrería de oro y plata de los tesoros de Aliseda y del Carambolo, en el ámbito tartésico). Estos tesoros evidencian la extraordinaria riqueza en metales de la península. No obstante, en este periodo y ámbito los intercambios comerciales se realizaban con el sistema de trueque, sin intermediación de moneda; fueron los griegos los que introdujeron el comercio monetario en la península, produciéndose posteriormente acuñaciones iberas y cartaginesas.

En el siguiente mapa podemos apreciar la localización de las cecas (lugares de acuñación de moneda), ya en época cartaginesa, las cecas están diferenciadas por el alfabeto utilizado (todos ellos de origen fenicio):


La extensión de la actividad comercial fenicia alcanzó una considerable amplitud desde comienzos del VIII y sobre todo en el VII a. C., coincidiendo con la expansión asiria en Oriente Próximo, que afectó a las ciudades fenicias al cerrarles los mercados orientales, con lo que se vieron forzadas a reorientarse a los occidentales. La colonización fenicia buscó nuevas fuentes de riqueza en la industria de la pesca (almadrabas de atún) y los salazones, introduciendo técnicas propias que alcanzaron gran desarrollo y alta rentabilidad, prestigiando los productos de la zona (lo que continuó en época cartaginesa y romana, siendo la base de las exportaciones -el aceite y el garum-). También debe atribuirse a los fenicios la introducción a gran escala de las salinas, estrechamente vinculadas a esta actividad. Se inició la producción de tipologías cerámicas que con anterioridad solo tenían una difusión muy localizada. No está claro si hubo cambios agrícolas que pudieran deberse a influencia fenicia, aunque tradicionalmente se les atribuye la introducción de olivo, posibilidad que también es compatible los datos paleoecológicos, lo que habría completado la trilogía mediterránea característica de buena parte de los paisajes agrarios peninsulares.


A partir de la caída de Tiro ante Nabucodonosor II (572 a. C.) la colonia de Cartago sustituyó a las metrópolis fenicias en el control de las factorías comerciales costeras mediterráneas. El papel de estos establecimientos fue superando el mero intercambio de productos ultramarinos con productos del interior para pasar a ejercer una verdadera función directiva sobre la producción local, principalmente la metalúrgica dependiente de las minas de Castulo (Linares). Los enfrentamientos bélicos de los cartagineses van a influir en gran medida en el desarrollo comercial del Mediterráneo Occidental. La Batalla de Alalia, hacia el 537 a.C., tuvo como consecuencia el bloqueo del comercio griego -focenses- con la península, los cartagineses o púnicos pasaron a controlar militarmente el Estrecho de Gibraltar, haciendo inaccesible la penetración comercial de los demás pueblos mediterráneos.

La influencia cartaginesa sobre las culturas ibéricas ("punicización") fue haciéndose progresivamente mayor, evidenciándose en la cerámica, los objetos funerarios y la implantación de divinidades púnicas, como la diosa Tanit (hallada en Baria -Villaricos, provincia de Almería- o en Gadir) y el dios Baal-Hamon (en sustitución de divinidades fenicias como Astarte y Baal respectivamente), que también se ha identificado con las llamadas "damas ibéricas". La introducción paulatina de ciertas mejoras en procesos industriales y agrícolas, así como la utilización del alfabeto púnico (en la escasa epigrafía tartésica e ibera) se produjeron en continuidad con la época fenicia.


La derrota cartaginesa en la primera guerra púnica (264-241 a. C.) no afectó a su área de influencia cartaginesa en la península ibérica; más que limitarla, fue un estímulo para la expansión, ya claramente de carácter territorial hacia el interior, y bajo la dirección política de la poderosa familia Barca. Según las fuentes clásicas romanas, el general cartaginés Asdrúbal el Bello fundó la ciudad de Qart Hadasht (actual Cartagena) en el año 227 a. C., posiblemente sobre un anterior asentamiento tartésico denominado Mastia Tarseion. Cartagena fue amurallada y reurbanizada y se convirtió en la principal base púnica. Al año siguiente, romanos y cartagineses acordaron el llamado tratado del Ebro, por el que cada una de las potencias renunciaba a intervenir al otro lado de ese río. No obstante, en el 219 a. C. Roma dio garantías a una ciudad greco-ibera situada muy al sur del Ebro (Arse, la actual Sagunto) de que la tomaba bajo su protección.






Esta expansión chocó con los intereses de otra potencia emergente en el Mediterráneo Occidental, Roma, iniciándose la llamada II Guerra Púnica, que abre un nuevo periodo para Andalucia la la llegada de los romanos que en su lucha contra los cartagineses no solo lo van a derrotar si no que los sustituyen como potencia colonizadora, implantado en estas tierras su cultura y haciendo desaparecer en parte el legado de anterior, y convirtiéndose en una parte importante del Imperio Romano, gracias a la romanización del territorio.



viernes, 4 de diciembre de 2015

TARTESOS EL REINO PERDIDO




El núcleo original de la cultura tartesia comprende aproximadamente el territorio de las actuales provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz. Dos áreas especialmente importantes fueron los centros mineros de los ríos Tinto y Odiel y la llanura agropecuaria del Guadalquivir. Estas eran las zonas más intensamente pobladas y desde ellas la influencia tartesia se extendería durante el Bronce final y la Primera edad del hierro por buena parte del resto de Andalucía y Extremadura, así como el Algarve y el Alentejo portugueses.


Los primeros poblados tartésicos datan de esta etapa final del Bronce. Están compuestos por casas de planta ovalada o circular, construidos sin una organización espacial definida. Se situaban en lugares estratégicos donde dominaban los caminos terrestres y los recursos agrícolas y mineros de la región.
La sociedad se fue estratificando, concentrándose el poder en unas élites militares cuya evidencia arqueológica son las estelas de guerrero. Sobre el 800 a. C. se advierten los primeros influjos tartésicos en Andalucía oriental además de intensificarse la explotación de plata a gran escala en la zona de Río Tinto.

Ya en la Edad del Hierro, coincide con el apogeo socio-cultural y construcción de murallas en algunos poblados como Tejada la Vieja. La fundación de los enclaves comerciales fenicios provocó un proceso de aculturación y adopción de técnicas como el torno de alfarero, las técnicas de filigrana y granulado en orfebrería, así como el gusto por los modelos suntuarios orientales. También en el mundo funerario se impuso la incineración sobre la inhumación. La llegada de los fenicios y su establecimiento en Gadir (actual Cádiz), tal vez estimuló su proyección sobre las tierras y ciudades del entorno, la intensificación de la explotación de las minas de cobre y plata (Tartessos se convirtió en el principal proveedor de bronce y plata del Mediterráneo), así como la navegación hasta las islas Casitérides (las Islas Británicas), de donde importaron parte del estaño necesario para la producción de bronce.



Solo se poseen informaciones de un único monarca histórico, Argantonio, gracias a los escritos griegos. Entorno al año 600 a.C. los griegos focenses establecen relaciones comerciales con Tartesos, el avance de los persas sobre las ciudades griegas de Asia, hizo que Argantonio invitara a los focenses a asentarse en su reino, les dio 1.500 kilos de plata para la fortificación de su ciudad que, finalmente cayó. En la batalla de Alalia (535 a.C., Córcega) los griegos fueron derrotados por una coalición formada por cartagineses y etruscos, por lo que Tartessos se quedó sin un importante aliado comercial.

A finales del siglo VII a.C. y coincidiendo con la llegada de las primeras cerámicas griegas, en la región de Huelva se redujo la producción de plata y se abandonaron los centros metalúrgicos. En la segunda mitad del siguiente siglo Huelva entró en decadencia, el comercio y las importaciones fenicias se redujeron drásticamente, desapareciendo las tumbas principescas del valle del Guadalquivir. Tartessos desapareció abruptamente de la historia los centros de poder político-económico se desplazaron hacia la periferia del área tartésica, concentrándose en oppida como Carmona o Cástulo, que darían lugar a los estados iberos.



Algunos yacimientos importantes que se podrían considerar tartésicos son:
    La Aliseda
    Asta Regia
    Cancho Roano
    El Carambolo
    Cerro Salomón
    La necrópolis de la Joya, en la ciudad de Huelva
    Tejada la Vieja



Cerro Salomón fue un poblado minero establecido en el siglo VII a. C. en la cabecera del Río Tinto. En él se han encontrado herramientas mineras, lámparas, fuelles y crisoles. Sus habitantes extraían oro, plata y cobre, fundían el mineral y lo enviaban río abajo hasta Onuba (Huelva). Este puerto tartesio funcionaba como el centro de una red de asentamientos y en él también se realizaban actividades metalúrgicas. Otros asentamientos dedicados a la metalurgia y localizados en la cercanía de las minas serían San Bartolomé de Almonte y Peñalosa.
Tejada la Vieja está situada en el municipio onubense de Escacena del Campo y estuvo habitada entre los siglos VIII y IV a. C. Controlaba la ruta que se utilizaba para llevar los minerales obtenidos en las minas de Aznalcóllar al puerto de Gadir. Se conserva bien el perímetro amurallado y las estructuras de las viviendas.



La base fundamental de la riqueza de Tartessos fue la metalurgia y la exportación de los minerales de oro, plata, cobre, estaño, hierro y plomo. El oro abundaba en los ríos del sur y oeste peninsular. La plata en Huelva y el curso alto del Guadalquivir. El cobre y el estaño lo obtenían del occidente peninsular y británico. La metalurgia del hierro debió ser introducida por los fenicios, que la conocían gracias a sus relaciones con los hititas. Los centros metalúrgicos no solo estaban cerca de las áreas mineras, sino que aparecen repartidos por todo el territorio.

Las rutas comerciales fueron un factor clave para la economía tartésica. Sus barcos navegaban por el Atlántico hasta las actuales islas británicas y remontaban una buena parte del curso de los ríos Tartessos (Guadalquivir) y Anas (Guadiana). Utilizaban asimismo rutas terrestres que llegaban al Tajo y al centro de la meseta. Por todas ellas circulaban los lingotes metálicos que después se exportaban al Oriente Próximo a través de los mercaderes fenicios y griegos. Los principales beneficiarios de este comercio fueron los mercaderes, pero también las élites locales, que fomentaron el proceso de aculturación y el aumento de la jerarquización social. Este trueque fue muy importante, ya que facilitó el intercambio de aspectos culturales y religiosos.

La agricultura, la ganadería y la pesca eran también muy importantes. Se especializaron sobre todo en el cultivo de cereales, usando las técnicas importadas de los fenicios.

La primera referencia que se ha querido ver de Tartessos procede de su identificación con el nombre Tarshish que aparece mencionado en la Biblia.



En Tartessos se fabricaron abundantes objetos de metal que, por un lado, tenían influencia oriental, pero también una gran originalidad. En bronce destacan las jarras picudas de forma piriforme. También se crearon asadores de más de un metro de longitud, fíbulas del tipo de codo o placas de cinturón con garfios; mención aparte merece el Bronce Carriazo, que representa a la diosa Astarté.




De bronce o plata se elaboraban aguamaniles de forma circular con dos asas, elemento totalmente autóctono. La orfebrería en plata era muy abundante. De origen autóctono es la técnica de embutido de metales que se realizaba con oro, plata o cobre. Los fenicios introducirían las técnicas del granulado y la soldadura. Los mejores ejemplos del nivel alcanzado por la joyería tartésica son las piezas correspondientes a los tesoros de Aliseda, el Carambolo y el cortijo de Ébora: pectorales, cinturones, diademas, brazaletes o pendientes, todo ello elaborado con oro macizo. También se encontraron unos candelabros de oro en Lebrija, que han sido interpretados como elementos rituales pertenecientes a algún templo, que quizás imitaran a los incensarios orientales.


En marfil y hueso se fabricaron cajitas o arquetas de lujo para guardar perfumes o ungüentos. Con las conchas se hicieron objetos de tocador labrados. La cerámica incluye piezas lisas, espatuladas, bruñidas o decoradas, pero siempre fabricadas a mano. Esta cerámica local coexistió con las importaciones orientales fabricadas con torno rápido, de pequeño tamaño y alta calidad, que también serían imitadas por los alfareros tartesios.

También importaron de los talleres orientales o gaditanos artículos de prestigio manufacturados con marfil, oro y plata, vidrio tallado, jarros de bronce, estatuillas de este metal dedicadas a Astarté, aríbalos y alabastrones conteniendo esencias y cosméticos, tejidos, collares, cuentas de vidrio y baratijas.

Hay muy pocos datos, pero se supone que, al igual que el resto de los pueblos del Mediterráneo, era también una religión politeísta. Se cree que pudieron adorar a una diosa producto de la aculturación de los fenicios, Astarté o Potnia. Pudo haber una divinidad fenicia masculina, Baal o Melkart. Se han encontrado santuarios de estilo fenicio en el yacimiento de Castulo (Linares, Jaén). Se han hallado exvotos en diversos puntos de Andalucía.


Algunos asentamientos importantes de la costa fueron Asta Regia, Nabrissa, Onoba y Ossonoba, mientras que en el interior se destacan Carmona, Carambolo, Sevilla, Tejada la Vieja y Setefilla.